Cuando nos damos cuenta que no hay distinción de idiomas, color de piel, raza, credo, religión, cuando tomemos conciencia que todos formamos una sola y única comunidad, estaremos preparados para la sanación del planeta en que vivimos, que ruge de dolor ante tanta indiferencia. Lo comprobé, lo vi, lo sentí así, uno despierta cuando menos lo espera. Por eso les cuento que asistí a la Celebración de los Tambores en medio de la belleza de los cerros de Ongamira, Córdoba, donde se hace un homenaje a la Madre Tierra, lugar que impacta por la energía que emana. Durante dos horas, entre indígenas de distintas zonas, junto a mis alumnos, nos unimos en cánticos y bailes al son de los tambores, guiados por un chamán, uniendo Cielo y Tierra, en un momento todos nos agachamos para tocar con nuestras manos la amada tierra en silencioso respeto. Cada uno tuvo una experiencia distinta en su cuerpo, su mente, su corazón. Lo magnifico de esto fue sentir que somos uno, dando fin a este ritual con alegría, el sonar de los tambores, el cuerpo todavía vibrando por el baile, hermanándonos con estos pueblos bajo este inmenso cielo azul que nos pertenece a todos y cada uno. Somos una comunidad llena de Amor, no nos olvidemos de ello.
Mil bendiciones
Ana María Báez
Satori Shihan
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