No hay escuela que te enseñe como tratar a tus padres, hermanos, hijos y parientes. Dentro del grupo familiar están los simpáticos, los amargos, los dispuestos, los holgazanes, los fuertes, los débiles, los alegres, los retraídos y melancólicos, pero cada uno a su manera, forman parte de ese núcleo, se sienten contenidos, a veces incomprendidos, otras reconfortados, ante la sonrisa de aprobación de esta, su gente.
La familia te ama con tus defectos y virtudes, pero en estas épocas difíciles que estamos viviendo en todo el mundo, debes comenzar a ser más tolerantes, menos iracundo; ante un gesto amargo, una simple y sincera sonrisa dulcificará al otro.
Si todos actuáramos en forma similar la familia crece en Amor Incondicional, agradece a Dios el tenerla y disfrutarla. Agradece el poder contener a otros en momentos dolorosos, o que estén a tu lado si estas sufriendo. Trata de recordar siempre los buenos momentos, la mesa familiar, los sonidos de la casa, mesas, ollas, platos, sus aromas, el brindis, las risas y llantos de los pequeños por peleas o caídas, pidiendo atención. Eso es lo que debes guardar en tu corazón: amor, aceptación; comprenderás al que pase a tu lado en esta vida, sin nadie que le de un afectuoso abrazo.
Valora lo que tienes y de donde viene.
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